Hacia un mundo sin violencia
Por Nadia Flores Vera*
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| Fotografía de "El Heraldo de Saltillo" |
El pasado 5 de septiembre Ciudad
Universitaria retumbó con gritos de estudiantes universitarios de la máxima
casa de estudios, la UNAM, llevando a cabo una marcha pacífica en contra de la
violencia que arrasaba con toda la comunidad universitaria y por fuertes
agresiones de los llamados “porros” hacia los estudiantes. En esta marcha se
exigía el fin de la violencia dentro de las instituciones de la UNAM, la
desaparición de los porros dentro de la misma, la seguridad en los diversos
planteles, la toma de acción por parte de las autoridades para acabar con el
terror causado en el campus, así como la lucha por una educación congruente y
no arbitraria. A este movimiento se unieron otras universidades, como el IPN,
que se solidarizaron y acudieron a la marcha en apoyo a la UNAM. Universidades de otros estados y de otros municipios se unieron a este gran
movimiento realizando pancartas, marchas, paros y acciones con símbolos de
apoyo en las redes sociales.
Como docente de danza clásica y como estudiante universitaria de la UNAM, creo
que la violencia no sólo se limita a ser ejercida por los porros o las
autoridades, no sólo se encuentra alrededor de las instituciones académicas de
nivel medio superior y superior o en las calles, sino también en los pasillos
de las facultades, en los salones de clases de tu prepa. Incluso también está
invadiendo la comunidad artística. Aquellas instituciones que tienen como
objetivo el entrenamiento del cuerpo para que, con su movimiento y belleza, sea
creador de arte, aquellos lugares donde
las personas hacen maravillas artísticas con sus manos, su música y su cuerpo.
Esta violencia está arrasando con todas las comunidades tanto académicas como
artísticas y, como lo mencioné antes, no sólo es ejercida por personas de alto
rango o de chicos pertenecientes a grupos porriles, sino también por aquellos
maestros que acuden a dar sus clases de matemáticas o ciencias, por decir un
ejemplo.
La comunidad de la danza clásica también está inundada de violencia tanto
física como psicológica, esa violencia que puedes encontrar en el escenario, en
los salones con barras y linoleum; en tus compañeros, tus maestros e incluso en
ti mismo. Si bien la violencia está en cualquiera de los elementos
anteriormente mencionados, creo que gran parte de ésta se lleva a cabo por
algunos docentes de la danza clásica (no todos, aclaro) que a veces no se dan
cuenta de cómo la están manifestando; hay veces en las que con un comentario
pueden llegar a agredir a su bailarín o bailarina, ya que la violencia se puede
manifestar de manera física, actitudinal y verbal. Por ejemplo, yo como docente
de danza clásica al ejercer el “toque” para dar sensaciones y correcciones a
mis alumnos, sé que puedo llevar a cabo diversos tipos de toques tanto para
corregir, dar sensaciones y colocar de manera correcta al cuerpo hasta aquel
toque violento o lacivo, donde ambos pueden agredir al chico o chica con el que
esté trabajando y que de alguna manera me hacen llevar a cabo la violencia.
Hoy en día la violencia está en todos lados, en cada rincón del país, en cada
espacio cultural y académico; creo que es necesario alzar la voz y exigir una
seguridad hacia nosotros los estudiantes, exigir que cese la violencia hacia y
entre nosotros, respetarnos y valorarnos como los seres humanos que somos,
hacer que el ruido de nuestras plegarias se escuchen y unirnos todos, así como
los estudiantes de la UNAM, para exigir algo que se nos debe dar como un
derecho y no un privilegio.
Como docente de danza clásica estoy comprometida a hacer ver la situación en la
que estamos a mis futuros alumnos, enseñarles que no deben quedarse callados
cuando sean víctimas de violencia y atreverse a dar la cara cuando sean
ejercedores de la misma; a enseñar que no todo se resuelve a golpes o maltrato
físico y psicológico, a defender los derechos que tienen por el simple hecho de
ser seres humanos. De igual manera, estoy comprometida a formarme como una
docente que evita a toda costa la violencia, a exigir seguridad tanto para mí,
mis alumnos, colegas, familia y para el mundo.
Nos están matando día con día, no esperemos a que sólo quede uno o una de
nosotros. Es hora de alzar la voz, unir nuestros corazones, hacer escuchar
nuestros latidos, hacer retumbar las calles, las ciudades y el país con nuestra
voz, exigir lo que por derecho nos pertenece, enseñar a defender nuestros
derechos y a educarnos tanto a otros como a nosotros mismos. Estamos hartos de
tanta inseguridad y violencia, hablo por todos, queremos una universidad, un
hogar, unas calles, una escuela y un país sin miedo, sin impunidad,sin odio,
sin muerte, sin violencia y sin corrupción.
Retomo el lema de la UNAM: “POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU”, es momento de que
nuestro espíritu hable cuando a nuestra raza la están sometiendo y de que
nuestra raza luche cuando a nuestro espíritu lo están silenciando.
*Estudiante de la Licenciatura en Danza Clásica con Línea de Trabajo en Docencia, por la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea.



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