Hacia una danza más incluyente en México
Por: Ana Valencia*
Existe en México un extraño deseo por
imitar culturas ajenas. A diario, en la calle, en la casa, en la televisión y
el transporte, incluso en las escuelas y los trabajos, vemos anuncios masivos
que presentan cuerpos esbeltos, pieles pálidas y cabellos y ojos de colores
claros. Las niñas desean ser más altas o más delgadas, los niños sueñan con
marcar en sus cuerpos más músculos de los que en realidad poseen y todos nos
preguntamos por qué nuestra piel es morena, por qué no podemos tener la nariz
respingada o los ojos verdes. Es curioso, creo yo, que los mexicanos nos
mortifiquemos tanto por cuestiones que en realidad son muy simples: no podemos
ser así porque, a pesar de nuestra ascendencia española, nuestra gente es
mestiza, nuestra raza indígena y no europea.
No me malentiendan, comprendo la importancia de la tradición y no
pretendo erradicar los principios del ballet ni en México ni en el resto del
mundo pues sé que es gracias a esa historia que el ballet evolucionó hasta lo
que hoy es; sin embargo, sí creo que lo estamos dejando morir al buscar
únicamente el virtuosismo técnico y olvidar que es, por su carácter de arte,
una forma más de vivir e interpretar la realidad actual.
Existen
en el mundo entre cinco y siete –la inglesa y la americana a veces son
consideradas más bien un estilo- escuelas de ballet, cada una diferente de la
otra pues responde a las necesidades específicas del país al que representa. No
es casualidad que sea la elegancia el distintivo de la escuela francesa o el virtuosismo
en salto y giro el de la escuela cubana: las características que resaltan son
las que distinguen su cultura de las del resto del mundo pues si bien los
franceses son largos y agraciados, los cubanos son ágiles y fuertes, resultado
de su origen africano. Sin embargo, la técnica clásica que se enseña en México
no es la mexicana sino la cubana. Esto, ciertamente, es bastante lógico pues al
ser ambos latinos, es éste el país con el que compartimos más cualidades. ¿Por
qué entonces no ocupamos, como Cuba, uno de los primeros lugares a nivel
mundial en el ámbito del ballet? Sencillo: a pesar de ser latinos, no somos
cubanos. Nuestra raza no proviene de la raza negra africana, sino de los
cuerpos pequeños, a veces robustos, de las culturas mesoamericanas. No tenemos
cuerpos esbeltos ni huesos largos y delgados, nuestra gente estaba acostumbrada
a correr en las montañas, a jugar con la cadera y resistir largos periodos de
frío o calor debido al clima tan diverso del país. ¿Por qué no aprovechar eso y
usarlo a favor del desarrollo de una técnica que enaltezca nuestras virtudes
como mexicanos? Sí, mexicanos. Los de la piel morena, quemada por el sol, los
del cabello negro y mirada profunda, los de huipiles bordados con hilos de nube
y huaraches de cuero crudo.
¿Por qué no hablar de nuestra historia? ¿Por qué no enorgullecernos de quienes en realidad somos? Creo que, de esta manera, nos acercaríamos a una danza más incluyente en México.
¿Por qué no hablar de nuestra historia? ¿Por qué no enorgullecernos de quienes en realidad somos? Creo que, de esta manera, nos acercaríamos a una danza más incluyente en México.
*Estudiante de la Licenciatura en Danza Clásica con Línea de Trabajo en Docencia, en la Escuela Nacional De Danza Clásica y Contemporánea.


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