Danzar la Palabra


Por: Raissa Pomposo


En la kinesfera del espacio-tiempo, danzamos con las posibilidades corporales de la experiencia del movimiento, a veces sin esperar nada, otras esperándolo todo en un colapso. La voluntad de moverse nos abre el cuerpo para mostrar que el infinito existe, que podemos volar y que fluir no sólo es propiedad del líquido. Danza maravillosa es ser todos los estados de la materia en la magnitud de la realidad sintiente, pues nos comemos el mundo cuando desarrollamos los movimientos que hará el cuerpo danzante, aquel que existimos sin lejanía alguna, nos comemos la vista, los olores, las texturas, la tierra sobre la que estamos, el aire que rompemos con tan sólo parpadear. Hambrienta Danza que masticas la vida para expresar tus locuras… Sí, tú, Danza, que exiges elevación y arraigo a la vez, jugando entre lo apolíneo y lo dionisíaco cual malabarista generando una órbita perfecta entre planetas alucinantes.
 
Moira[1] eres, Danza,
que destinas a la condición del bailarín
a escapar del dolor para seguir entregándose a ti,
Fotografía: NASA Vía Láctea
cual amante aferrado al cuerpo amado.

Moira, musa mimetizada malévolamente,
mar musicalmente murmurante,
masacrando mezquinas mujeres
moribundas por ti.

Ven, Moira Danza,
a llevarnos entre tus brazos irresistibles
para crear el gran ritual
del tiempo que se come al mundo.


   ¿No es acaso el gran misterio del cuerpo que existimos lo que da paso a lo inefable? ¿No es acaso por la profundidad del sentir que la metáfora extiende a las palabras para darles expresión? Danza y palabra que hacen posible mover a los pensamientos para hacer poesía de la fantasía humana, y también para poietizar a la crítica, al análisis conciso y urgente de la actividad dancística, profesionalizada o no, en nuestros entornos. Danzar la palabra es la necesidad de ahogar la indiferencia a nuestra propia necesidad de decir, de bailar diciendo y decir bailando, de gritar nuestras percepciones y hacer de la ejecución una interpretación veraz, de la enseñanza de la danza un acto noble y pensante, de la contemplación como público una acción no complaciente y reflexionada, del cuerpo existencia irremplazable dispuesta a moverse vivamente. Cuerpos re-flexivos danzando la palabra.



[1] Desde la mitología griega, las Moiras son las representaciones divinas del destino.

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